Cristina Peri Rossi:
Escribo en todos los géneros, depende de lo que quiera decir
y de cómo lo quiera decir. Hace unos años, por ejemplo,
publiqué un libro de poemas eróticos muy lírico:
Babel bárbara, enseguida una novela sobre el delirio amoroso,
muy intimista (Solitario de amor) y después, un ensayo sobre
las fantasías eróticas, con ese título, precisamente.
Eran libros individuales, pero en el conjunto de mi obra (y yo siempre
tengo en cuenta mi obra completa) eran complementarios.
Precisamente
el poemario ha recibido el Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja.
¿Qué se siente cuando después de tantos años
de dedicación a una le siguen cayendo premios?
Cristina Peri Rossi:
Yo me presento a algún premio –a pocos, en verdad- sólo
cuando necesito dinero. Y he recibido algunos de los cuales me siento
muy orgullosa que no tenían dotación económica.
Por ejemplo, el premio Don Quijote, del 2005, concedido por votación
secreta por los escritores de la Asociación de Escritores de
España, por mi libro de poemas Estrategias del deseo.
¿Es difícil
sorprender o despuntar en la poesía actual?
Cristina Peri Rossi:
La buena poesía siempre sorprende por su emoción y su
eficacia (decir mucho en pocas palabras). No sorprende la poesía
convencional, trillada.
Entremos al poemario.
Algunas partes de “Habitación de hotel” se presentan
como un cuadro de Hopper. Pero las imágenes de Hopper no entran
por primera vez en tu poesía. En otros poemarios, por ejemplo
en “Estrategias del deseo”, hemos podido percibir a esa
mujer, al yo poético, en actitud de espera, de recogimiento,
en balcones, en bares...
Cristina Peri Rossi:
Fui la primera escritora en España que publicó un libro
cuya portada era un cuadro de Hopper. Eso ocurrió hace muchos
años; fue en l983, con el libro de relatos El museo de los
esfuerzos inútiles, que tuvo tres ediciones. El cuadro era
Oficina en Nueva York, de Hopper, de l962. La portada la elegí
yo, porque entonces, en Seix Barral, me dejaban elegir las portadas
de mis libros. Casi siempre, cuando escribo uno de mis libros, pienso
en la portada ideal, y he tenido la suerte de que mis editores suelen
aceptarla. Entonces, en 1983, debo decir que Hopper era un gran desconocido
en España. Recuerdo que encargué a un amigo que iba
a Nueva York que me trajera un libro con reproducciones de sus cuadros.
El amigo era el editor Mario Muchnik y me lo trajo de regalo.
Pero la pintura ha sido una gran fuente de inspiración para
mí, he encontrado en algunos pintores como Hopper, como Richard
Estes o Bacon algunos sentimientos y emociones como los míos.
Y como los de mucha gente. El arte no serviría para nada si
no encontráramos en él un eco de algunas de nuestras
propias vivencias, sueños o deseos. Mi libro de poemas Las
musas inquietantes (el único no incluido en Poesía reunida,
por la dificultad de reproducir los cuadros en un volumen que ya tenía
casi mil páginas) fue llamado por Rafael Argullol “una
pinacoteca generacional”. No escribí sólo sobre
mis cuadros favoritos, sino sobre aquellos que me parecían
más literarios. Hay muchos poemas dedicados a cuadros de Canaletto,
Guardi, Magritte, Bacon, y creo que uno solo a Hopper.
En nuestra web han
pasado ya tres poetas que se sienten auténticos admiradores
de la obra de Hopper. ¿Quizá en la obra de Hopper haya
más poesía en lo que imaginamos –intuimos- que
en lo que vemos?
Cristina Peri Rossi:
Hopper es un gran pintor (pude ver algunos de sus cuadros en N. York
y más recientemente en una exposición múltiple
en Madrid) que expresa el sentimiento más contemporáneo:
la soledad de las grandes ciudades, su fascinación y su dolor.
Pero también ha pintado paisajes rurales, marinas, hasta perros.
No vemos lo que hay, sino que proyectamos en lo que vemos lo que llevamos
adentro. No sé si Hopper quería retratar la soledad
de las grandes urbes, pero sé que nosotros vemos eso en sus
cuadros.
Los viajes en avión,
las salas de espera en aeropuertos… Ahora volar es más
fácil y asequible, en “Habitación de hotel”
lo dices. ¿Ha cambiado para ti la sensación de espera
o de divagar en los aeropuertos y en los aviones?
Cristina Peri Rossi:
Sí, ha cambiado, lo digo en algunos de los poemas de Habitación
de hotel. Ahora los aeropuertos están llenos de turistas con
mochilas; el vuelo en avión se ha popularizado, hay vuelos
charter, la gente se desplaza en esas latas de sardina con facilidad
y con resignación; hay poco espacio, casi siempre tenemos que
compartirlo con equipos de basket o voleibol llenos de machos muy
hormonados que huelen a sudor y a testosterona o con chicos de instituto
que llevan el aparatito de música enchufados al oído
como una ortopedia. Se ha perdido la poesía del viaje en avión,
que era, cómo no, nostalgia y soledad.
La poesía
urbana cada vez tiene más adeptos, ¿a qué crees
que se debe esto?
Cristina Peri Rossi:
A que la gente prefiere vivir en las grandes ciudades. El éxodo
rural empezó en el siglo XIX. La gran poesía del siglo
XIX también fue urbana: Baudelaire, Rimbaud, Walt Whitman.
La ciudad es ambivalente: nos da la ilusión de una gran comunicación,
pero al mismo tiempo, nos aisla, nos separa, nos vuelve anónimos.
Baudelaire fue el gran poeta de la ciudad moderna y en el siglo XX
la línea fue seguida por otros poetas. Pero no es la única.
En lengua castellana, que es la mía, y la que amo, tardó
mucho tiempo en aparecer una gran poesía urbana, porque la
lírica seguía emparentada con lo bucólico y con
lo sentimental. En Vallejo ya comienza a sentirse la presencia de
la ciudad, pero en la poesía de Neruda, en cambio, siendo tan
completa, tan difícil de abarcar, tan sonora y metafórica,
el sentimiento de la gran urbe suele estar ausente.
¿Entonces
crees que se viven ahora más las ciudades que antes?
Cristina Peri Rossi:
Las ciudades se transforman rapidísimamente, de una manera
demasiado veloz, diría yo, porque entonces, pierden historia.
Es difícil encontrar en Barcelona, por ejemplo, las cafeterías
que había cuando llegué, en l972, y entonces los lugares
pierden esa calidad sacra (en el sentido laico de la palabra) que
nos permite adueñarnos de ellas, convertirlas en parte de nuestra
biografía. Ahora es casi imposible pasear y encontrar las calles
iguales, o sitios que evoquen fragmentos de nuestro pasado en ciudades
que cambian tan rápidamente. Es un escenario móvil,
y la poesía tiende a fijar, a hacer perenne lo pasajero.
Las palabras, el
abecedario, el léxico, las vocales, las consonantes…
están presentes en “Habitación de hotel”,
pero también en algún poemario anterior. ¿Pueden
apresar las palabras toda la fuerza que uno siente o crees que las
palabras liman nuestras emociones?
Cristina Peri Rossi:
Las palabras y las cosas no son lo mismo, de manera que la palabra
tristeza no es el sentimiento de tristeza, pero lo evoca. En un libro
inédito de poemas que publicaré algún día,
digo, como aforismo: la palabra no designa, sugiere. Si digo “estoy
angustiada”, le transmito a mi lector o a mi oyente una información,
pero la emoción se comunica también a través
de otros medios, no debemos olvidarnos: hay gestos de angustia, como
hay gestos de ternura. En todo caso, creo que en la buena poesía
las palabras recuperan algo de su poder de revelación primitivo.
Vaya, eso me recuerda
a algún cuadro de Magritte. Cristina, tengo la sensación
de que precisamente el tema de las palabras y demás que comentábamos
antes aparecen aquí como homenaje a la lengua española.
Cristina Peri Rossi:
Siento un gran amor por la lengua española, con toda su diversidad;
en España se dice grifo y en Uruguay canilla, y esto la enriquece
enormemente. Me gusta cómo suena el castellano, me gusta cómo
construye y estoy tan pegada a mi lengua que me resulta difícil
hablar otra, aunque puedo leer algunas que no son la mía, siempre
de origen latino.
Nunca entendí cómo Borges despreciaba el castellano
y prefería el inglés; mejor dicho: lo entiendo desde
el sentimiento de inferioridad de un colonizado. Borges quería
ser inglés y escribió un castellano muy anglófilo,
quizás por eso es un escritor al que considero sobreestimado.
En cambio, Cervantes, o García Márquez gozan con el
castellano y nos transmiten ese placer.
Teniendo en cuenta
que eres una mujer que ha viajado mucho, ¿tu poesía
pertenece a cada una de esas ciudades en las que has estado o es más
afín al paisaje urbano de Barcelona?
Cristina Peri Rossi:
Uno de mis libros de poemas recogido en Poesía reunida (“Europa
después de la lluvia” está dedicado casi exclusivamente
a recrear poéticamente la ciudad de Berlín, en la época
del muro, que es cuando yo viví algunos meses en ella. Pero
no suelo hablar de las ciudades modernas en particular, sino de “la
ciudad” como urbe, como símbolo de la vida contemporánea.
Creo que soy una de las escritoras mujeres más contemporáneas,
a pesar de que ya no soy tan joven.
Dices “una
vez perdí una guerra, perdí un país, perdí
una casa…”. ¿Se acaba uno/a de reponer de un exilio
(dos en tu caso)?
Cristina Peri Rossi:
De las pérdidas una no se repone nunca; las transforma el paso
del tiempo. Se llora lo perdido, hasta que la nueva realidad nos permite
gozar otra vez. Hay un refrán que dice: Si lloras por la ausencia
de la luna no podrás ver las estrellas. Hay que saber encajar
las pérdidas como el coste que nos impone la vida, para ser
más intensa. Quien nunca ha perdido nada tampoco ha ganado
nada. Yo soy muy jugadora, soy adicta a casi todos los juegos, y sé
que para ganar, hay que perder.
La noche es otro
de los grandes temas del poemario. Supongo que eres de esas personas
que se activan cuando el sol se pone.
Cristina Peri Rossi:
La noche siempre me ha gustado, me ha estimulado, me ha hecho sentir
muy viva. Detesto el sol, el verano, la luz, quizás por mi
constitución genética: nací casi albina, o sea,
el sol me hacía daño y me lo sigue haciendo. Además,
la noche es la hora en que me siento más libre, más
soñadora. Soy ave nocturna, como dice mi madre. Hay menos gente
por las calles, un poco más de silencio y el juego de luces
nocturnas nos permite ocultar los aspectos más siniestros de
la realidad. Aunque hay, también, noches siniestras, las noches
de los solitarios, de los drogatas, de las prostitutas apaleadas,
de las mujeres que saben que recibirán palizas de sus hombres
borrachos o ensoberbecidos.
¿Por qué
apuestas por un estilo tan directo en tu poesía?
Cristina Peri Rossi:
Depende de lo que quiero expresar. Si quiero decir: amo la noche,
su densidad, no encuentro mejor manera de decirlo que de esa forma
directa. En cambio, tengo libros de poemas completamente líricos,
llenos de metáforas y de alegorías: Descripción
de un naufragio, Europa después de la lluvia o Babel bárbara.
El estilo no es el hombre, el estilo son todos los hombres y mujeres
que me habitan, y hay una Cristina Peri Rossi muy lírica, muy
metafórica, otra muy analítica, otra muy romántica,
otra irónica, una muy sensual, otra metafísica, una
sentimental y otra racional. Quiero expresarlas a todas, no a una
sola.
En su día
se hizo tu poesía reunida y ahora tus cuentos reunidos, ambos
en Lumen. ¿Hay algún cuento al que tengas especial cariño
por alguna razón concreta?
Cristina Peri Rossi:
Cuando tuve que “armar” el libro Cuentos reunidos (no
están todos los cuentos, por un problema de tamaño:
el libro hubiera tenido casi 1600 páginas) y los leí,
tuve ganas de volver a escribirlos todos, otra vez, exactamente igual.
No cambié ni un punto, ni una coma, ni una palabra. Como el
personaje de Borges, Pierre Menard, que quiere escribir Don Quijote
de la Mancha, pero sin cambiar una línea. Es más, tuve
una pequeña crisis depresiva: comprendí, terriblemente,
que estaban escritos definitivamente, que ya no volvería a
sentirlos ni a escribirlos, quiere decir que había pasado mucha
vida, mucho tiempo de mi vida, aunque fueran contemporáneos,
como escritos ayer. Contra esa depresión, queda la esperanza
de escribir otros.
Pero hay uno que me estremece especialmente. Se trata del cuento La
rebelión de los niños, del libro del mismo título.
Relata la sospecha que tiene el niño que narra la historia
de no pertenecer a la familia, de ser hijo de padres asesinados por
la represión militar. Entonces, cuando lo escribí, en
Uruguay, en el año 1971, todavía no se había
producido ningún secuestro de niños. Fue una premonición.
Imaginé que los militares iban a secuestrar a mucha gente,
entre esa gente habría mujeres embarazadas y que las matarían,
después de parir, pero que entregarían los niños
a “buenas familias”, para que los adoptaran. Me horroricé
y escribí ese relato que es uno de los más terribles
que he escrito en mi vida. Cuando la realidad confirmó mi sospecha,
me sentí muy mal, me sentí culpable de haber imaginado
tal horror. Pero recordé que Kafka había escrito que
la literatura es, a veces, un reloj que adelanta. Me sentí
menos culpable cuando me di cuenta de que yo había utilizado
uno de los recursos más característicos de un buen escritor:
colocarse en el lugar del otro. Yo me había colocado en el
lugar de los militares y había imaginado qué iban a
hacer. Pero podía imaginar también lo que sentirían
los niños con esa sospecha.
Creo que hay dos facultades específicas que hacen al buen escritor:
su capacidad de ponerse en el lugar del otro (hace pocos días
leí que un novelista español decía que él
no podía ponerse en el lugar de una mujer y recordé
a Flaubert, que dijo: Madame Bovary soy yo) y su sensibilidad, su
oído hacia la lengua en la que escribe. Sin ese oído,
no hay escritor que valga, son cronistas.
Pues, Cristina, nos quedamos con esto último.
Muchas gracias por tu tiempo.