3 poemas inéditos

platon-cave-posul1CARPE DIEM

CARPEDIEM II

NEOPLATÓNICOS

3 poemas  inéditos publicados en

http://pensionulises.blogspot.com.es/

de Albert Tugues

 
 



NEOPLATÓNICOS
 
I
Despierto domingo
y busco enseguida poesía en la web
Si despertara sábado sería diferente
el sábado es cine
El domingo es poesía
si estuviéramos juntas
y fuera domingo
leeríamos poesía en la web
Y quizás haríamos el amor
como si fueran la misma cosa
aunque tú dudas de que sean la misma cosa
Y luego vendrían los ruidos de la calle
Y los domingueros
y yo querría seguir en los versos
quizás en la cama
porque soy neoplatónica
que no quiere decir que no haga el amor
como tú crees que no lo hacen los neoplatónicos
sino que hay una idea del domingo
de la poesía de hacer el amor
una idea superior
una idea de la cual somos
malas réplicas
Por eso hoy podría no ser domingo
los versos malos
y vos no estás.
Platón tampoco.

II

PREGUNTA
¿Por qué Platón imaginó que las ideas ideales
estaban en la cueva o caverna –según la traducción-?
y yo qué sé. Posiblemente cinco siglos antes de Cristo
la palabra caverna y la palabra cueva
no tenían ese significado peyorativo
que le atribuyes.
Quizás la caverna estaba en el cielo
como yo me la imagino
igualmente remoto e inaccesible
lejano y sublime
En todo caso alguna vez
leyendo poesía haciendo el amor
escuchando música he llegado a vislumbrar
la claridad de la caverna
su armonía su superioridad
pero fue solo unos instantes
breves como un suspiro
Y todo lo que no era caverna
pareció muy inferior
incluso tú y yo
Incluso domingo a la mañana.
¿Qué es la caverna? ¿Y tú me lo preguntas?
La caverna fuimos tú y yo
alguna vez
yo otras veces
siempre fue la música
algunos versos
Y el deseo permanente de habitarla.

III

El domingo a la mañana es
también tiempo de preguntas.
No, no fui neoplatónica
a partir de leer a Platón
a quien ni siquiera he leído bien.
Lo fui desde que nací como se nace
rubia o morena
sólo que me faltó el tinte
para cambiarlo
O las pocas veces que me sentí
sombra de las ideas de la caverna
llegué al éxtasis
y no era el alcohol ni tu cuerpo
ni una droga cualquiera
sino el vislumbre de la eternidad.

IV
No soy neoplatónica.
Nunca pude pasar del amor a la belleza
de un cuerpo
al amor a su espíritu.
Me quedé siempre en el pubis
en los lunares en los cabellos
en los senos
es decir en la fachada.
No sé si por fallo de los espíritus
o por fallo de mi mirada

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CARPE DIEM I

Me dijo que le gustaba vivir el momento
Miré a mi alrededor
y no vi ninguno
todo era ya pasado o futuro
salvo que yo misma me considerara un momento
cosa que nunca había hecho
por terror a la muerte
a lo efímero a lo pasajero
Yo me consideraba todo lo contrario:
una custodia de lo bello que es eterno
que no caduca que no muere
No me podía dividir en momentos
Todo lo contrario
No quería nada fragmentado nada fugitivo
y en lugar de los acordes
superpuestos de los momentos
yo perseguía la armonía del cosmos
eliminando los bemoles
si es posible
para lo cual necesitaba otro par de manos y de ojos
Por ejemplo –me dijo-
me gusta este momento
pero me gustará también el siguiente
En otra estación de trenes
en otra cafetería con otra compañía
A mí me pasaba exactamente al revés
cuando algo me gustaba
procuraba eternizarlo fijarlo
retenerlo aunque confieso
que al final siempre fracasaba
por esto o por lo otro pero sabía que Leonardo
no había fracasado ni Baudelaire ni Turner
Es que no lo enfocas bien –me dijo-
con su hermosa sonrisa en festival
Se trata de vivirlo todo con igual intensidad
La idea me horrorizaba Nunca había querido vivirlo todo
sino lo bello lo complejo lo fascinante
¿la misma intensidad en el dentista que en tu cama?
¿en el trabajo que en una película de Cronemberg?
Me gusta andar en bicicleta –dijo-
tanto como en moto
El vino y el champagne
Los hombres como las mujeres
los trenes y los aviones
La selva y el desierto
El flamenco y la cumbia
Según el momento
Pero cada momento con intensidad –me dijo-
Cuando llegó su tren la vi partir
con melancolía
Seguro que el vagón del tren
era un buen momento para dormir
Y yo me quedé en el andén
tratando de encontrar un momento
que fuera tan hermoso tan continuo y tan eterno
como para retenerlo.

puesto de tren

CARPE DIEM II

Los ingenuos seguidores de Horacio
-Carpe diem- terminaron hartos de placeres efímeros
y se suicidaron: era el único displacer que les aseguraba
la eternidad
de algo.

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